Tegucigalpa, Honduras | HonduPrensa.Com – La elección de la presidencia del Congreso Nacional vuelve a convertirse en el principal termómetro del poder político hondureño. Con la nueva legislatura en marcha, el escenario se mueve entre cálculos fríos, alianzas incómodas y ambiciones personales, en un pulso donde cada bancada mide hasta dónde ceder sin perder influencia.
En ese contexto, Jorge Cálix reaparece como un actor capaz de alterar el tablero. Su antecedente en 2021, cuando estuvo a un paso de controlar el Legislativo, sigue siendo referencia obligada para entender que ninguna candidatura está cerrada hasta que se cuenten los votos en el pleno.
Del lado nacionalista, Tomás Zambrano figura como carta fuerte, respaldada por una bancada numerosa pero insuficiente para imponer autoridad sin consensos. La correlación de fuerzas obliga a buscar apoyos externos, aun cuando eso implique negociar con rivales históricos.
El equilibrio actual refleja una constante desde el retorno constitucional: el partido ganador del Ejecutivo casi nunca controla el Congreso en solitario. Esa realidad ha forzado, elección tras elección, pactos bajo el argumento de estabilidad, aunque muchas veces terminen debilitando la legitimidad del Legislativo ante la ciudadanía.
Con 49 diputados nacionalistas, 41 liberales y 34 de Libre, el margen de maniobra es estrecho. Aunque Libre ha insistido en mantenerse al margen, su peso parlamentario convierte a su postura en factor decisivo indirecto, pues condiciona los acuerdos del resto de fuerzas.
Todo apunta a una sesión marcada por tensión política, negociaciones contrarreloj y giros inesperados. La presidencia del Congreso no solo definirá quién dirige el hemiciclo, sino también qué tipo de gobernabilidad enfrentará Honduras en el nuevo periodo legislativo. Redacción Bruce Villatoro CEO HonduPrensa.Com

