Tegucigalpa, Honduras | HonduPrensa.Com – La señal llegó desde el norte: el aval político de Donald Trump reconfiguró el escenario para Nasry Asfura, intensificando la lectura internacional sobre el nuevo gobierno hondureño. El gesto elevó la presión interna, activó reacciones partidarias y colocó la agenda exterior como factor determinante del arranque presidencial.
Asfura asume en un país con más de diez millones de habitantes, brechas sociales profundas y desconfianza institucional. El retorno del Partido Nacional ocurre tras años de crisis reputacional vinculada a corrupción y narcotráfico, con el antecedente del exmandatario Juan Orlando Hernández, hoy condenado en Estados Unidos. La herencia obliga a señales tempranas de gobernabilidad.
El plan anunciado prioriza inversión privada, empleo formal, eficiencia estatal y orden fiscal. El desafío es inmediato: violencia persistente, educación debilitada, salud en emergencia, conflictos de tierra y una sociedad marcada por la fractura política desde 2009, año del quiebre institucional que sacó del poder a Manuel Zelaya.
En el frente diplomático, Asfura apuesta por Estados Unidos e Israel para impulsar proyectos estratégicos. Aún no define el curso frente a China, vínculo abierto por Xiomara Castro, decisión que podría reorientar comercio, cooperación e inversiones. Cada paso será leído por mercados, socios multilaterales y actores regionales.
La legitimidad política enfrenta resistencia. Castro no reconoce la victoria, pese a respetar el fallo del Consejo Nacional Electoral. La aspirante de Libre, Rixi Moncada, finalizó tercera tras un proceso tenso, con conteos extendidos y margen estrecho.
Con trayectoria municipal, experiencia administrativa y perfil empresarial, Asfura llega con expectativas altas. El respaldo externo abre puertas, pero la ejecución interna decidirá si el impulso inicial se traduce en estabilidad duradera. Redacción Bruce Villatoro CEO HonduPrensa.Com
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