Tegucigalpa, Honduras.- La voz del cardenal Óscar Andrés Rodríguez resonó con fuerza este domingo al lanzar un llamado directo al presidente Nasry Asfura, colocando en el centro del debate la realidad que viven miles de migrantes hondureños en Estados Unidos, marcada por temor, incertidumbre, redadas, riesgo de deportaciones que golpean no solo a familias, sino a toda la economía nacional.

El mensaje no fue político en forma, pero sí profundo en impacto social, humano, moral. “Resulta clave tomar en cuenta a nuestros compatriotas que residen allá; las deportaciones solo elevan la pobreza”, expresó durante entrevista televisiva, dejando claro que el drama migratorio no es cifra fría, sino historia viva de angustia colectiva. En su análisis, la ruta hacia la inversión extranjera pasa por un sistema de justicia confiable, firme, aplicable sin privilegios, capaz de generar credibilidad global, condición esencial para atraer capital, empleo, desarrollo sostenido.

Rodríguez también abordó la dimensión espiritual como brújula ética para nuevas autoridades, señalando que el Evangelio aporta criterios que iluminan decisiones públicas con visión de futuro, lejos del cortoplacismo que ha limitado transformaciones profundas. Con mirada serena pero firme, advirtió que Honduras no cambiará en un periodo breve, sino mediante proceso prolongado que ofrezca esperanza real a nuevas generaciones, evitando que crezcan atrapadas en ciclos de carencia, temor, falta de oportunidades.

Sobre la corrupción, fue categórico al describirla como mal arraigado que ha postrado al país durante años, obstáculo directo para progreso, confianza ciudadana, bienestar social. Al referirse al debate legislativo sobre lectura bíblica en centros educativos, matizó que no se trata solo de abrir un libro, sino de comprender un compendio escrito en distintos contextos, con múltiples enfoques, tarea que requiere guía responsable desde el hogar para formar conciencia sólida en niñez, juventud.  Redacción Ruth Corrales.

¡DIOS BENDIGA A HONDURAS!