Tegucigalpa, Honduras.- Bajo un cielo sereno, miles de fieles colmaron la Catedral Metropolitana para dar inicio a la Cuaresma 2026, en una ceremonia cargada de recogimiento, esperanza colectiva, fervor espiritual. La eucaristía fue presidida por el arzobispo de la Arquidiócesis de Tegucigalpa, José Vicente Nácher Tatay, quien elevó un mensaje directo al corazón de Honduras.

En su homilía, el prelado recordó que la Cuaresma simboliza los 40 días que Jesucristo pasó en el desierto, etapa de prueba, sacrificio, victoria sobre el pecado. “Nosotros solos no podemos, pero con Cristo sí. Llamemos al pecado por su nombre”, expresó ante una multitud que escuchaba en profundo silencio, marcando un llamado urgente a la conversión auténtica, al compromiso real con la fe.

El mensaje trascendió lo espiritual. Nácher hizo referencia al contexto nacional, aludiendo a la reciente iniciativa discutida en el Congreso Nacional sobre la lectura bíblica, aclarando que no surgió desde la Iglesia Católica ni desde congregaciones evangélicas. Subrayó que la prioridad ciudadana no radica en debates simbólicos, sino en soluciones concretas frente a la crisis de empleo, la falta de oportunidades, la violencia estructural que lacera hogares hondureños.

“Lo esencial es escuchar, actuar con verdad, construir juntos”, enfatizó el arzobispo, colocando la unidad nacional como eje transversal en este tiempo litúrgico. Su pronunciamiento generó eco inmediato en redes sociales, donde miles de usuarios debatieron sobre el rol de la fe en la transformación social.

Durante la ceremonia también se presentó la Santa Misión Nacional 2026, iniciativa pastoral destinada a fortalecer la evangelización parroquial, revitalizar comunidades, promover participación activa de familias en todo el país. El proyecto busca no solo renovar la espiritualidad, sino también fomentar cohesión comunitaria en medio de desafíos sociales crecientes.

La apertura de la Cuaresma no solo marcó un rito religioso; abrió un espacio de reflexión profunda sobre el presente de Honduras. En un país que enfrenta tensiones políticas, desigualdad persistente, inseguridad cotidiana, la voz de la Iglesia resonó como llamado a la conciencia colectiva. Redacción Ruth Corrales.

¡DIOS BENDIGA A HONDURAS!