Tegucigalpa, Honduras.- La región de La Moskitia en Honduras enfrenta una crisis silenciosa por la expansión del narcotráfico y la destrucción acelerada de la selva, mientras sus comunidades indígenas luchan por sobrevivir en medio de la violencia y el abandono estatal.
En el extremo noreste de Honduras, la vasta y poco poblada selva de La Moskitia se ha convertido en escenario de disputas por el control territorial, el tráfico de drogas y la apropiación ilegal de tierras ancestrales. Según una investigación publicada por InSight Crime, la región, que abarca más de 22,000 kilómetros cuadrados, está habitada principalmente por comunidades indígenas Miskitas, junto a minorías como los Garífunas.
Moreno, un extrabajador de un cártel local, describió cómo la economía y la seguridad de los pueblos dependen cada vez más del hallazgo y la venta de estos cargamentos, aunque los beneficios terminan siendo efímeros y peligrosos. “El mar da y el mar quita”, resumió uno de los pescadores entrevistados.

La llegada del narcotráfico cambió radicalmente la vida local. InSight Crime documentó testimonios de habitantes que relataron cómo paquetes de cocaína aparecen flotando en el mar o encallados en las playas, convirtiéndose en un recurso inesperado y disputado.
El informe internacional detalla que los “terceros”, como los Miskitos llaman a los foráneos, han intensificado la apropiación y deforestación de tierras mediante la violencia o la compra ilegal de predios, muchas veces con respaldo de redes vinculadas al narcotráfico. Esta invasión ha desplazado a familias y ha transformado áreas de selva en pastizales para ganadería, con una pérdida de 110,000 hectáreas de bosque entre 2015 y 2022 según la plataforma Global Forest Watch.
Pobreza, falta de servicios y violencia: el día a día en La Moskitia
La precariedad domina la vida diaria en La Moskitia. El 43% de la población local sufre inseguridad alimentaria, según el Banco Mundial, y la infraestructura es mínima. El acceso a la salud y la educación es limitado: escuelas improvisadas y carencia de servicios básicos son parte del panorama cotidiano. Muchos jóvenes y adultos terminan trabajando para las redes de narcotráfico por falta de alternativas, como narró el propio director de una escuela de la zona.
La violencia no solo proviene de los traficantes. InSight Crime expuso casos en que operativos militares hondureños han derivado en ataques contra civiles. Uno de los episodios más graves ocurrió en septiembre de 2021, cuando un helicóptero de la Fuerza Aérea Hondureña disparó sobre la comunidad de Ibans, dejando varios muertos y heridos.
La investigación señala que, aunque la versión oficial habló de un enfrentamiento con supuestos narcos, los testimonios y las pruebas recolectadas por el medio apuntan a un ataque directo a civiles desarmados.
Impunidad, resistencia y un futuro incierto para La Moskitia
La impunidad predomina. Dos años después del ataque en Ibans, las autoridades hondureñas no habían realizado una investigación efectiva ni visitado la comunidad, según la documentación obtenida por InSight Crime. “Es porque somos pobres”, declaró Élica Bermúdez, viuda de una de las víctimas, al medio especializado.
En paralelo, líderes y organizaciones indígenas intentan articular una resistencia. El reportaje describe reuniones secretas, patrullajes organizados por los propios Miskitos y la formación de alianzas comunitarias para defender la selva. El sacerdote Enrique Alargada y figuras como Miskut, antiguo militar miskito, impulsan respuestas locales ante la pasividad estatal. “Si perdemos esta tierra, perderemos todo”, advirtió Alargada en uno de estos encuentros.
La defensa del territorio enfrenta riesgos. Los líderes que denuncian la deforestación o el narcotráfico han sufrido amenazas y ataques. El biológo Osvaldo Jacobo, pionero en la defensa ambiental, fue asesinado en 2000. Otros activistas han tenido que huir o viven bajo constante intimidación.
El futuro de La Moskitia permanece incierto. La expansión del narcotráfico, la presión sobre los recursos naturales y la falta de presencia estatal amenazan la supervivencia de las culturas indígenas y la biodiversidad de una de las últimas grandes selvas de Centroamérica. Mientras tanto, las comunidades locales, privadas de opciones y acorraladas por la violencia, buscan alternativas para resistir y preservar su modo de vida ancestral.
InSight Crime concluye que el destino de la región depende de la capacidad de los Miskitos para organizarse y de la voluntad política de las autoridades nacionales. Por ahora, la selva hondureña sigue siendo un territorio en disputa, donde la ley y la seguridad resultan tan esquivas como los propios cargamentos de cocaína que de poco a poco en llegan a sus costas. Con información de InSight Crime.
