AGRO exige respuestas ante tijera millonaria en 2026AGRO exige respuestas ante tijera millonaria en 2026

Tegucigalpa, Honduras | HonduPrensa.Com – La advertencia del sector agroalimentario ya dejó de ser una observación técnica para convertirse en un golpe político de alto calibre. La denuncia sobre una reducción superior a L5 mil millones en el Presupuesto General 2026 abre un frente de choque con efectos inmediatos sobre la vida diaria de los hondureños, porque cuando el agro pierde fuerza, el siguiente impacto llega sin rodeos al consumidor: suben verduras, legumbres, frutas y se encarece la canasta básica.

Ese es el punto que el país no puede ignorar. El campo no solo produce; sostiene una parte vital del equilibrio social y económico. Si el productor recibe menos respaldo, si se debilitan programas, si disminuye la capacidad de respuesta institucional y si se reduce el músculo del sistema agroalimentario, el mercado no tarda en resentirlo. Y cuando el mercado se tensa, el precio final lo paga el pueblo, no quienes firman el presupuesto desde oficinas con aire acondicionado.

La gravedad del tema está precisamente en su efecto en cadena. Un recorte fuerte al agro puede frenar productividad, complicar abastecimiento, debilitar procesos sanitarios, afectar incentivos, elevar costos operativos y deteriorar la confianza en una actividad que debería ser prioridad nacional. Lo que hoy parece una discusión de partidas mañana puede sentirse en cada puesto de verduras, en cada venta de barrio y en cada hogar que ya hace malabares para estirar el dinero.

Por eso esta discusión no puede suavizarse con frases cómodas. La seguridad alimentaria no es un lujo. Es un eje de estabilidad nacional. Y cualquier señal de debilitamiento sobre el aparato productivo tiene implicaciones serias en precios, acceso a alimentos y tensión social. Cuando el campo se siente golpeado, el país entero entra en modo de alerta.

La presión crece además porque la ciudadanía ya conoce el patrón. Cuando baja la producción o se encarece sostenerla, los alimentos dejan de ser accesibles con rapidez alarmante. Primero suben algunos productos. Después suben varios más. Luego la gente empieza a comprar menos, a sustituir calidad por cantidad y a vivir con mayor angustia en un país donde la economía familiar ya viene demasiado castigada. Es allí donde la política deja de ser discurso y se convierte en responsabilidad concreta.

Frente a este escenario, la pregunta no puede esquivarse: cuál es el plan de Nasry Juan Asfura Zablah para evitar que esta advertencia termine convertida en crisis. Honduras necesita una estrategia visible, no una administración reactiva. Necesita saber si se corregirá el rumbo, si habrá blindaje para la producción nacional y si el agro seguirá siendo tratado como columna del país o como un renglón sacrificable dentro del ajuste.

El riesgo político es alto. Un gobierno que inicia y permite que crezca la percepción de abandono sobre el campo se expone a desgaste prematuro en uno de los territorios más sensibles de la conversación pública: el costo de la comida. Y cuando se dispara el precio de productos esenciales, el malestar deja de ser sectorial y se vuelve nacional. Allí ya no se reclama solo por el agro; se reclama por la incapacidad de proteger la economía del hogar.

Las frutas, las verduras y las legumbres son parte diaria del consumo popular. No son productos de lujo. Son esenciales. Por eso una política que termine reduciendo capacidad productiva o encareciendo la cadena de abastecimiento golpea directamente la vida de la gente. Lo que está en juego no es solo el agro. Es la tranquilidad del mercado, la resistencia del bolsillo y la estabilidad de millones de familias que no pueden soportar otra escalada en la canasta básica.

El país necesita que el poder responda con claridad y carácter. Porque cuando un gobierno no protege a quienes producen alimentos, termina dejando expuestos a quienes los compran. Y en esa cadena de omisiones, la factura social siempre llega.

Honduras está frente a una advertencia seria. Si el agro cae bajo la tijera presupuestaria, no solo se debilita el campo: se encarece la comida, se profundiza el malestar y se alimenta una tensión social que ningún gobierno debería subestimar. —Redacción Bruce Villatoro CEO HonduPrensa.Com

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