Tegucigalpa, Honduras.- Las comunidades indígenas Miskitas de Gracias a Dios enfrentan dificultades para pescar de manera segura y acceder a salud, educación, empleo e identidad, según organizaciones de derechos humanos. La falta de servicios básicos y de presencia estatal, sumada a barreras para obtener el Documento Nacional de Identificación, mantiene condiciones de exclusión en parte de la población.
Frank Cruz, coordinador de la Defensoría de Pueblos Indígenas y Afro-hondureños, del Comisionado de Derechos Humanos, dijo que parte de la población Miskita sigue en desventaja, sobre todo en las zonas donde la pesca es una de las principales fuentes de sustento.
Uno de los principales obstáculos es la falta del Documento Nacional de Identificación para algunos habitantes beneficiarios de medidas de reparación ordenadas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos. La ausencia de ese documento retrasa procesos de compensación económica por daños materiales e inmateriales y también limita el acceso a servicios esenciales y oportunidades laborales.
“Sin identidad no pueden ejercer plenamente sus derechos”, señalaron representantes que acompañan estos procesos, al advertir que esta situación coloca a algunas personas en una condición de exclusión que afecta incluso su reconocimiento como ciudadanos.
Identidad y acceso a derechos
La pesca artesanal representa una actividad histórica para el pueblo Miskito, pero los habitantes denuncian amenazas vinculadas con la falta de regulación efectiva y la presencia de actividades industriales que afectan los recursos marinos.
Elsser Brown Evans, técnico de monitoreo regional advirtió sobre la situación de las comunidades durante el análisis realizado mediante el denominado Navegador Indígena, una herramienta que recopiló información sobre las condiciones de derechos humanos en poblaciones pesqueras.
Según los datos compartidos, entre 3.000 y 4.000 buzos presentarían afectaciones físicas derivadas de sus labores, mientras muchas familias continúan atrapadas en ciclos de pobreza que pasan de una generación a otra.
Brown Evans señaló que una de las principales preocupaciones es la limitada capacidad institucional para supervisar una zona extensa como Gracias a Dios. Indicó que la presencia de personal encargado de vigilar la actividad pesquera resulta insuficiente frente al tamaño del territorio y la cantidad de zonas marítimas que requieren control.
Esa situación favorece la pesca ilegal y genera conflictos entre empresas industriales y pescadores locales que dependen directamente de los recursos del mar para sobrevivir. También cuestionó prácticas de algunas empresas pesqueras que, según denuncias recogidas, afectarían las áreas donde se reproducen especies marinas importantes para las comunidades costeras.
Salud, educación y participación comunitaria
Las dificultades no se concentran únicamente en el ámbito pesquero. En educación, las comunidades reportan centros escolares con infraestructura limitada y pocas condiciones para garantizar una enseñanza adecuada.
Brown Evans explicó que para muchos niños la alimentación proporcionada en los centros educativos representa una de las pocas oportunidades de recibir comida durante la semana.
En el área de salud, señaló que un hospital debe atender a varios municipios del departamento con recursos limitados, tanto en presupuesto como en personal, una situación que complica la atención de una población dispersa geográficamente.
Otro de los puntos señalados es la falta de consulta previa, libre e informada en proyectos que pueden afectar territorios indígenas y recursos naturales. Las organizaciones plantean que las comunidades deben tener una participación real en las decisiones relacionadas con sus territorios marino-costeros y sus actividades económicas tradicionales.
Entre las propuestas destacan fortalecer los consejos territoriales indígenas, proteger las zonas de pesca artesanal, mejorar los servicios públicos con enfoque cultural y garantizar atención en el idioma Miskito. Con información de Infobae
