La discusión energética entra en una zona incómoda: Honduras analiza reformas mientras la ENEE mantiene pérdidas eléctricas elevadas, miles de millones pendientes de cobro, déficit operativo y fuertes obligaciones financieras. Antes de entregar funciones estratégicas, el Estado tiene herramientas para recuperar ingresos, controlar pérdidas y hacer rendir los recursos públicos.
Tegucigalpa, Honduras | HonduPrensa.Com – El debate sobre una posible salida temporal mediante un PCM ocurre mientras una pregunta más profunda comienza a pesar sobre la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE): ¿cuántos de sus problemas realmente requieren tercerización y cuántos pueden solucionarse con una administración pública eficiente?.
El gerente Guillermo Peña Panting reconoció que un PCM podría ampliar temporalmente determinadas capacidades operativas y administrativas, pero dejó claro que ese mecanismo no reemplaza las reformas estructurales que corresponden al Congreso Nacional.
Esa distinción permite llevar la discusión hacia otro terreno.
La ENEE no enfrenta una sola crisis.
Enfrenta simultáneamente pérdidas de electricidad, baja recuperación de ingresos, elevados compromisos financieros, problemas de calidad en determinados circuitos, necesidad de modernizar transmisión y distribución, presión por contratar nueva energía y una estructura operativa que necesita producir resultados más rápidamente.
Una empresa con L18,170 millones esperando ser cobrados
El cierre financiero de 2025 ofrece una fotografía contundente.
La empresa registró L18,170.41 millones en cuentas por cobrar, prácticamente el mismo tamaño que sus L18,153.51 millones en cuentas por pagar.
Además acumulaba préstamos por L78,802.53 millones y terminó el ejercicio con resultado negativo de L6,318.30 millones.
Este contraste debería ocupar el centro del debate.
Una empresa endeudada no puede darse el lujo de mantener una cartera gigantesca sin una estrategia agresiva, tecnológica y jurídicamente sólida para recuperarla.
El Estado puede organizar esa ofensiva.
Puede segmentar la mora, cruzar bases de datos, detectar grandes consumidores incumplidos, regularizar cuentas, impulsar convenios, automatizar cobranza y establecer responsabilidades concretas por región.
No hace falta entregar la ENEE para cobrar mejor.
Hace falta gobernarla mejor.
Cada punto de pérdida significa dinero que Honduras deja escapar
La electricidad perdida sigue siendo una de las mayores heridas.
Finanzas reportó pérdidas cercanas al 34.5% durante 2024. El FMI continuó señalándolas en 2026 como un impulsor central de las dificultades financieras.
Las pérdidas tienen dos caras.
Una parte es técnica: cables, transformadores, distancias, cargas, infraestructura, redes deterioradas y condiciones inherentes al sistema.
Otra es comercial: conexiones ilegales, manipulación, fraude, errores de medición, energía no facturada o cobro deficiente.
Ambas pueden atacarse desde el Estado.
La primera mediante inversión.
La segunda mediante control.
Entregar la gestión sin antes reconstruir esas capacidades equivaldría a aceptar que la administración pública no puede hacer aquello para lo que posee estructura, personal, legislación y presupuesto.
Más de 200,000 cuentas con anomalías muestran dónde actuar
Las revisiones realizadas en años recientes demostraron que el problema puede identificarse.
El FMI informó que, de aproximadamente 600,000 cuentas examinadas, se encontraron anomalías en más de 200,000, incluidas señales relacionadas con posibles fraudes. También se habían instalado más de 460,000 medidores.
Eso indica que existe una ruta concreta.
Medir mejor.
Inspeccionar más.
Regularizar conexiones.
Cruzar consumos.
Vigilar a medianos y grandes usuarios.
Fiscalizar medidores.
Facturar oportunamente.
Cobrar.
La modernización tecnológica debe llegar antes que la resignación institucional.
El dinero perdido sale del mismo bolsillo
Toda pérdida termina siendo absorbida en algún punto.
Puede convertirse en mayor necesidad de deuda, transferencias del Gobierno, presión tarifaria, atraso con proveedores o menor capacidad de inversión.
En cualquiera de esos escenarios, el costo finalmente alcanza al país.
Por eso reducir pérdidas no es un objetivo abstracto del balance financiero.
Es una defensa directa de los recursos nacionales.
Si Honduras logra recuperar varios puntos porcentuales de energía que actualmente no generan ingresos, la ENEE dispondría de recursos adicionales sin tener que producir esa electricidad nuevamente.
Esa debería ser una prioridad nacional.
Cobrar no basta si la red sigue fallando
El problema operativo también requiere recursos.
La CREE ha identificado circuitos donde se concentran interrupciones frecuentes o tiempos prolongados de recuperación.
La respuesta debe ser quirúrgica.
En lugar de distribuir presupuesto de manera uniforme, la ENEE puede concentrar inversión donde cada lempira produzca mayor reducción de fallas.
Transformadores.
Reconectadores.
Subestaciones.
Conductores.
Protecciones.
Automatización.
SCADA.
Cuadrillas.
Inventario crítico.
Mantenimiento.
No es indispensable entregar la red para hacer esas inversiones.
Lo indispensable es ejecutar.
La transmisión necesita dinero, pero también prioridades
El Plan de Expansión de la Red de Transmisión 2026-2035 reconoce la necesidad de múltiples proyectos en diferentes zonas del país.
Sin transmisión suficiente, Honduras puede tener generación disponible y aun así enfrentar restricciones para llevarla hasta los centros de consumo.
Eso obliga a evitar obras políticamente atractivas pero técnicamente secundarias.
Las prioridades deben decidirse mediante impacto económico: qué proyecto elimina mayor congestión, reduce pérdidas, mejora confiabilidad o permite transportar energía de menor costo.
Maximizar recursos públicos significa precisamente eso.
No invertir donde hace más ruido político.
Invertir donde cada lempira genera mayor beneficio eléctrico.
El Estado también tiene que revisar su propia estructura de gasto
La ENEE cerró 2025 con gastos operativos superiores a sus ingresos operativos.
Ante ese escenario, ninguna línea del gasto debería considerarse intocable.
Pero racionalizar no significa despedir indiscriminadamente trabajadores ni debilitar capacidad técnica.
Significa identificar duplicidades administrativas, compras que pueden consolidarse, vehículos subutilizados, inventarios mal administrados, consultorías prescindibles, alquileres evitables, procesos manuales que pueden digitalizarse y gastos que no guardan relación directa con el servicio.
Cada ahorro debe tener destino.
Red.
Medidores.
Transformadores.
Generación.
Mantenimiento.
Deuda.
Tecnología.
Generación propia: el patrimonio debe producir
Las centrales estatales representan inversiones realizadas durante décadas por Honduras.
Su rendimiento debe medirse con el mismo rigor que se exige a cualquier proveedor privado.
Disponibilidad.
Costo.
Mantenimiento.
Eficiencia.
Tiempo fuera de servicio.
Producción anual.
Capacidad recuperada.
El país debe saber cuánto cuesta cada megavatio producido por sus activos y cuánto podría ahorrar si rehabilita unidades que hoy operan por debajo de su capacidad técnicamente disponible.
Maximizar los recursos públicos también significa impedir que infraestructura pagada por el pueblo permanezca subutilizada mientras se compra energía más cara en otro lugar.
Nuevos contratos: competir para bajar precios
Peña Panting señaló que determinadas disposiciones legales pueden complicar nuevas contrataciones de energía y elevar las ofertas.
Esto hace necesaria una reforma que garantice procesos competitivos, seguridad jurídica y precios razonables.
Pero ninguna reforma debería convertirse en cheque en blanco.
Los contratos deben compararse por tecnología, precio, disponibilidad, plazo, garantías, indexaciones, capacidad firme, costos de transmisión y riesgo para el Estado.
El objetivo debe ser simple: comprar la energía que Honduras necesita al mejor costo total posible.
El propio modelo de 2026 apuesta por fortalecer capacidades internas
Existe otra pieza que cuestiona la idea de que todo debe resolverse externamente.
En abril de 2026 se integraron las unidades relacionadas con distribución, reducción de pérdidas y control técnico-financiero. El FMI señaló que esta reorganización debería fortalecer coordinación, planificación, información, controles internos, facturación, cobro y supervisión financiera.
Eso significa que el Estado está intentando reconstruir capacidad dentro de la propia empresa.
Ahora debe exigírsele resultados.
No dentro de diez años.
Con indicadores mensuales.
Pérdidas por circuito.
Cobranza.
Mora.
Interrupciones.
Tiempo de reparación.
Costo de operación.
Compras.
Inversión ejecutada.
Productividad.
Antes de tercerizar, publicar los números
Cualquier propuesta de tercerización debería superar una prueba pública.
¿Cuánto cuesta actualmente prestar esa función dentro de la ENEE?
¿Cuánto se pierde por ineficiencia?
¿Cuánto costaría corregirla internamente?
¿Cuánto cobraría un tercero?
¿Qué porcentaje de recuperación exigiría?
¿Qué riesgo asumiría el Estado?
¿Quién conservaría los datos?
¿Quién fiscalizaría?
¿Qué ocurriría si el contrato fracasa?
Sin esas respuestas, tercerizar puede convertirse únicamente en trasladar problemas administrativos hacia un contrato que igualmente terminará pagando el pueblo.
No es Estado contra empresa privada
La discusión tampoco debe caer en extremos.
La ENEE necesita adquirir equipos privados, tecnología, obras, software, servicios especializados y generación cuando resulte conveniente.
El Estado no fabrica transformadores ni necesariamente debe desarrollar internamente cada solución tecnológica.
Pero una cosa es comprar competitivamente un servicio o una tecnología y otra es renunciar a la capacidad pública de administrar funciones estratégicas.
La prioridad debe ser que Honduras conserve inteligencia técnica, datos, control financiero, planificación y capacidad de fiscalización.
Una ENEE que no pueda supervisar lo que contrata termina dependiendo del contratista.
Primero tapar las fugas
El país no debería comenzar una reforma eléctrica preguntándose qué puede entregar.
Debería comenzar preguntándose qué puede recuperar.
Recuperar energía.
Recuperar cuentas.
Recuperar eficiencia.
Recuperar capacidad técnica.
Recuperar infraestructura.
Recuperar disciplina financiera.
Recuperar confianza.
Honduras ya paga por una empresa pública.
La obligación del Estado es hacerla funcionar antes de argumentar que sus fallas solo pueden resolverse trasladando funciones.
Los números muestran que hay mucho margen para actuar desde adentro.
Y mientras existan millones pendientes de cobro, pérdidas superiores a los niveles deseables, gastos mayores que ingresos, infraestructura que necesita modernización y controles que pueden fortalecerse, la primera reforma debe ser hacer rendir hasta el último lempira del pueblo hondureño. —Redacción Bruce Villatoro CEO HonduPrensa.Com

