10:07:36 AM Por Carmelo Rizzo Peralta. En diplomacia, las ausencias también comunican. Honduras continúa sin embajador estadounidense titular, aunque Washington mantiene activos sus intereses comerciales, políticos y de seguridad. Durante los últimos años de Juan Orlando Hernández transcurrieron casi cinco años sin embajador. Laura Dogu llegó en 2022, al inicio del gobierno de Xiomara Castro. Hoy, con Nasry Asfura, vuelve la espera. ¿Trámite administrativo, prioridades estratégicas o mensaje político? Conviene no confundir las sospechas con las certezas.
La verdadera pregunta no es cuándo llegará el próximo embajador, sino qué tiene Honduras preparado para negociar. El encuentro Asfura–Trump de febrero de 2026 abordó inversión, comercio, infraestructura, migración y seguridad. Pero las reuniones presidenciales, por sí solas, no construyen carreteras ni generan empleos.
Al gobierno de Asfura corresponde presentar proyectos concretos: agua y riego para el Corredor Seco, agroindustria, energía competitiva, infraestructura logística, formación técnica y empleo. Proyectos con estudios, presupuestos y responsables. Honduras necesita una agenda nacional, no otro catálogo de necesidades.
A Washington debemos plantearle condiciones comerciales competitivas, inversión productiva, transferencia tecnológica, cooperación agrícola y mecanismos de protección para nuestros migrantes. No se trata de pedir asistencia indefinida, sino de negociar beneficios recíprocos. Una relación madura exige compromisos de ambas partes y resultados que puedan medirse.
Una hoja de ruta bilateral para 2027, con proyectos priorizados, financiamiento y seguimiento público, sería más útil que cualquier ceremonia protocolaria. Porque un embajador puede facilitar los acuerdos, pero no sustituir la voluntad nacional de ejecutarlos.
Mientras Washington decide a quién enviar, ¿está Honduras preparada para presentar algo más que una lista de peticiones? AMC | Apunte de Opinión
Pocas palabras. Mucho criterio. Una propuesta.


