Tegucigalpa, Honduras.- En un mensaje cargado de fuerza espiritual, el Cardenal Óscar Andrés Rodríguez elevó su voz este domingo desde la emblemática Basílica de Suyapa con una advertencia directa al corazón de Honduras: el poder, cuando no está anclado en la verdad, puede convertirse en la puerta de entrada al pecado.
Durante su homilía dominical, el purpurado delineó tres llamados urgentes que, según afirmó, marcan el pulso de esta cuaresma: no creer en las ofertas engañosas del pecado, no postergar el regreso a Dios, no bajar la guardia en momentos de hambre, cansancio o debilidad. Su reflexión no fue abstracta, sino profundamente práctica. “Revisemos cuál es la mentira que más fácilmente nos seduce”, exhortó, invitando a una introspección personal que interpela tanto a fieles como a líderes.
El mensaje adquirió mayor intensidad cuando el cardenal recordó que no todo lo que aparenta ser ganancia conduce a la salvación. En tiempos donde la inmediatez domina, subrayó la necesidad de acudir al sacramento de la reconciliación como acto concreto de transformación interior, además de alimentarse diariamente con la Palabra de Dios.
Con tono firme, Rodríguez denunció que en la actualidad el pecado se disfraza de libertad, rebeldía o incluso inteligencia. “Muchos jóvenes creen que pecar es ser más libres o más modernos que la Iglesia”, lamentó, en una crítica directa a la cultura contemporánea que trivializa valores espirituales.
La homilía alcanzó su punto más incisivo al abordar la tentación del poder absoluto. Recordó que Jesucristo rechazó dominar desde la imposición, contraste marcado frente a dictadores que, en el escenario global, se erigen como dioses. “Adorar el mal, adorar el pecado, someter a otros a la esclavitud es la tentación del poder”, afirmó, dejando claro que la verdadera autoridad se sostiene en la verdad, no en la opresión.
El cardenal también evocó la enseñanza de San Pablo sobre la justicia de Dios, distinta a la lógica humana. Mientras el mundo proclama que quien la hace la paga, la fe cristiana recuerda que Cristo asumió lo que no le correspondía, pagando por la humanidad inocente.
En un cierre que resonó con solemnidad, llamó a comenzar la cuaresma con determinación, pero sobre todo a terminarla con coherencia, firmes en la Palabra. Redacción Martha.C.C.
