Señales en el Pacífico refuerzan la probabilidad de un nuevo episodio climático con impacto mundial en los próximos años.

Nuevas señales detectadas en el océano Pacífico occidental han encendido las alertas de la comunidad científica internacional ante la creciente probabilidad de la llegada de un fenómeno de El Niño, que podría intensificar el calentamiento global y empujar al planeta hacia nuevos récords históricos de temperatura.

Especialistas advierten que ráfagas de viento inusualmente intensas, registradas a inicios de 2026 en zonas del Pacífico occidental, están desplazando grandes volúmenes de agua cálida hacia Sudamérica. Este comportamiento es considerado una de las señales más claras de que el sistema océano-atmósfera estaría entrando en una fase de transición hacia El Niño, con efectos que se sentirían a escala global.

De acuerdo con centros internacionales de monitoreo climático, los modelos actuales apuntan a que el fenómeno podría consolidarse en los próximos meses, con impactos que irían más allá del continente americano. El Niño se caracteriza por el aumento anómalo de la temperatura del océano Pacífico ecuatorial, un proceso que redistribuye calor a nivel planetario y altera patrones de lluvia, sequías, tormentas y temperaturas extremas en distintas regiones del mundo.

Los expertos señalan que este posible episodio llega en un contexto particularmente delicado, ya que el planeta acumula nueve años consecutivos de récords en el contenido de calor oceánico, lo que reduce la capacidad del sistema climático para disipar el exceso de energía. Como resultado, un nuevo El Niño podría amplificar el calentamiento global y acelerar fenómenos como el deshielo polar, el aumento del nivel del mar y el blanqueamiento de arrecifes de coral.

En regiones de América Latina, África y Asia, los cambios en las lluvias podrían afectar la producción agrícola y la seguridad alimentaria, mientras que en zonas costeras aumentaría el riesgo de eventos extremos. En paralelo, la alteración de las corrientes atmosféricas tendría repercusiones en la frecuencia e intensidad de ciclones, tormentas severas y olas de calor.

Los científicos subrayan que, aunque los efectos más notorios de El Niño suelen manifestarse meses después de su formación, el escenario actual refuerza la preocupación de que el período 2026-2028 se convierta en una etapa crítica para el clima global. Por ello, reiteran la importancia de fortalecer los sistemas de monitoreo, preparación y cooperación internacional frente a un fenómeno que, de confirmarse, tendría consecuencias a escala planetaria. Con información de Infobae.

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