Tegucigalpa, Honduras.- El anuncio cayó como luz tras tormenta en un sector que resistía al límite. Importadores de Taiwán confirmaron interés firme en reactivar compras masivas de camarón hondureño, incluso en volúmenes que podrían superar cifras previas a 2023, un giro que enciende motores en la franja acuícola del sur del país. La noticia no solo mueve mercados: reaviva esperanza en comunidades que vivieron meses de tensión financiera, empleo inestable, decisiones tomadas con el pulso temblando.
Para productores de Choluteca y Valle, no se trata únicamente de comercio exterior. Significa volver a planificar con certeza, palabra casi borrada tras ciclos de pérdidas, deudas acumuladas, precios deprimidos, rutas cerradas. Cada estanque vuelve a verse como futuro, no como riesgo.
La reactivación coincide con el arranque del gobierno del presidente Nasry Asfura, contexto que, según operadores asiáticos, favorece la percepción de estabilidad comercial y reglas claras, factores decisivos para restablecer confianza bilateral. Taiwán, que durante más de una década figuró entre los destinos más sólidos del producto nacional, recupera rol clave en la ecuación exportadora.
Antes de 2023, cerca del 40 % de la producción local viajaba hacia esa isla asiática, donde la calidad, trazabilidad, consistencia del camarón de Honduras ganaron reputación premium. Ese vínculo sostuvo nóminas, inversión en tecnología, expansión de fincas. La ruptura comercial previa, sumada a un arancel del 20 %, encareció el producto, restó competitividad, empujó al sector a un modo supervivencia: vender a menor precio, producir con lo justo, sostener operaciones casi sin margen. Hoy, ese capítulo empieza a cerrarse.
Desde la dirigencia acuícola, el mensaje combina prudencia con ilusión. Javier Amador, titular de la Asociación Nacional de Acuicultores de Honduras, resume el sentir: volver a un mercado que reconoce calidad, paga valor justo, ofrece estabilidad cambia el pulso de toda la cadena. La crisis no solo vació cuentas; tensó hogares, puso empleos al borde, obligó a reducir personal, frenar proyectos, posponer mejoras técnicas.
El impacto directo se concentrará en el sur, donde la acuicultura sostiene gran parte de la economía local. Se proyecta recuperación de plazas laborales, mejora de precios al productor, mayor circulación de efectivo, dinamismo en transporte, comercio, servicios conexos. Cada contenedor que salga rumbo a Asia significa jornales, insumos, logística, movimiento para barrios enteros. La cadena productiva completa —criaderos, procesadoras, exportadores, proveedores— vuelve a mirar adelante.
Compradores taiwaneses resaltan interés en reconstruir una relación que posicionó al camarón hondureño como producto confiable en estándares sanitarios, trazabilidad, sabor. El desafío ahora radica en sostener calidad, cumplir volúmenes, diversificar mercados sin depender de un solo destino. Este punto de inflexión no borra cicatrices, pero sí marca arranque de una fase distinta: resiliencia convertida en impulso.
En los estanques del sur ya no solo se cultiva proteína; se cultiva confianza renovada. Si acuerdos se consolidan, acompañados de políticas públicas coherentes, Honduras no solo recuperará terreno perdido podrá edificar un sector más sólido, competitivo, preparado ante vaivenes globales. Redacción Laura Valladares.
