Tegucigalpa, Honduras.- Ocho de cada diez pacientes que llegan a consulta en el Hospital Escuela (HE) presentan sobrepeso u obesidad, una realidad que ya no pasa desapercibida en los pasillos del principal centro asistencial del país, donde la epidemia silenciosa del exceso de peso avanza con fuerza y rostro cada vez más joven. El dato, que golpea como alarma sanitaria, refleja que a diario el Servicio de Nutrición Clínica recibe alrededor de diez personas, de las cuales la mayoría requiere tratamiento inmediato para frenar el riesgo de enfermedades crónicas que pueden cambiar su vida para siempre.

En Honduras, la situación escala a nivel nacional. Según proyecciones del Atlas Mundial de la Obesidad 2025, cerca del 21 % de los adultos viven con obesidad mientras más del 51 % tiene sobrepeso, cifras que anticipan que para 2030 más de cinco millones de hondureños podrían enfrentar complicaciones asociadas al peso corporal, impulsadas por mala alimentación, sedentarismo y cambios drásticos en los hábitos de vida. El impacto ya alcanza a la niñez, encendiendo alertas por muertes prematuras y presión creciente sobre el sistema de salud.

El nutricionista del HE, Rodrigo Suazo, explicó que tanto el sobrepeso como la obesidad implican exceso de grasa corporal, condición que funciona como detonante de múltiples patologías. Entre los principales riesgos figuran diabetes tipo 2, hipertensión, infartos, apnea del sueño, hígado graso, osteoartritis e incluso ciertos tipos de cáncer. “Manejamos tres grados de obesidad. Cada nivel implica mayor peligro; mensualmente vemos cerca de cien pacientes con obesidad tipo tres”, detalló.

El especialista subrayó que la mayoría de quienes acuden a consulta son mujeres jóvenes, un grupo clave para lograr cambios sostenibles. “Nunca es tarde para adoptar hábitos saludables. Una mejor alimentación más actividad física puede marcar la diferencia entre una vida con calidad o con complicaciones permanentes”, enfatizó, al recordar que la clínica atiende de lunes a viernes.

Desde el área de Endocrinología, la doctora Melisa Galeas advirtió que el sobrepeso altera el sistema hormonal, pues el tejido adiposo actúa como un órgano endocrino activo, desregulando insulina, leptina y hormonas sexuales, lo que favorece inflamación crónica, infertilidad y trastornos metabólicos. Solo entre julio y diciembre de 2025 se atendieron 205 personas con obesidad grado uno, 206 con sobrepeso y 58 con bajo peso, mostrando una carga asistencial en aumento con clara tendencia al exceso de peso.

Pese a la magnitud del problema, expertos coinciden en que el país aún carece de directrices nacionales sólidas para enfrentar la inactividad física y la obesidad, lo que limita estrategias preventivas de gran escala. Mientras tanto, el HE se convierte en primera línea de contención de una crisis que no distingue edad ni condición social.

La pregunta que queda abierta es directa: ¿estamos esperando a enfermarnos para cambiar nuestros hábitos? La respuesta podría definir el futuro de miles de familias hondureñas. Redacción Wendoly V.V.

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