Tegucigalpa, Honduras.- La crisis por accidentes viales en Honduras toma fuerza en los primeros días de 2026. El personal de hospitales públicos enfrenta un incremento sostenido en la atención de pacientes con traumas abiertos, fracturas múltiples, lesiones neurológicas e intervenciones de neurocirugía, cirugía general, trauma, ortopedia, provocados en su mayoría por percances de tránsito que saturan las salas de emergencia.
La realidad sacude al país: solo en los primeros 19 días de 2026, Honduras supera los 700 accidentes viales, lo que deja un promedio cercano a 37 casos diarios. Detrás de cada cifra existe una historia que inicia en el asfalto y termina en una camilla hospitalaria, con familias que esperan noticias entre pasillos colapsados.
De acuerdo con el titular de la Sección de Investigación de Accidentes de Tránsito (SIAT) de la Dirección de Vialidad Transporte, Darwin Hernández, el inicio de año deja un saldo alarmante. En lo que va de 2026, 96 personas perdieron la vida en hechos viales, lo que representa cerca de cinco decesos cada 24 horas.
“Solo el fin de semana reciente se reportaron 120 accidentes con 11 fallecidos”, lamentó el funcionario.
En ese escenario, los accidentes viales en Honduras se consolidan como la segunda causa de muerte violenta, solo superada por los homicidios. La combinación de imprudencia al volante, exceso de velocidad y la falta de medidas básicas de seguridad continúa alimentando esta emergencia nacional que no da tregua.
El impacto no solo se mide en víctimas fatales. Quienes sobreviven generan otra presión constante sobre el sistema de salud pública. En el Hospital Escuela de Tegucigalpa, se registran a diario entre 10 a 15 ingresos graves relacionados con accidentes en motocicleta, muchos con lesiones complejas que demandan atención inmediata y recursos especializados.
CIFRAS PREOCUPANTES
El portavoz del máximo centro asistencial, Miguel Osorio, reconoció que el panorama resulta crítico. Según detalló, 85 por ciento de los pacientes ingresados sufrió accidentes mientras se movilizaba en motocicleta, en su mayoría por alta velocidad, falta de casco protector o decisiones imprudentes en carretera.
Las salas de emergencia permanecen saturadas con pacientes procedentes de ejes carreteros, barrios urbanos y zonas rurales. “Muchos presentan lesiones severas en extremidades superiores e inferiores, fracturas expuestas y traumas que terminan en unidad de cuidados intensivos”, explicó Osorio, al describir la presión constante sobre médicos, enfermeras y personal técnico.
El país observa cómo cada jornada suma más víctimas al conteo. La escena se repite: sirenas, ambulancias, quirófanos ocupados, familiares angustiados. La seguridad vial deja de ser estadística para convertirse en un llamado urgente a la conciencia ciudadana y a la prevención activa en cada tramo del camino. Redacción Ruth Corrales
