Tegucigalpa, Honduras.-  La comunidad garífuna transforma la capital en un escenario de devoción, cultura e identidad ancestral al rendir tributo a la Virgen de Suyapa, patrona nacional. El acto no solo reafirma creencias, también fortalece raíces, memoria colectiva, legado espiritual.

Con cánticos, danza afrocaribeña, tambores, pan de coco o casabe, decenas de fieles llegan a la Basílica de Suyapa para participar en una misa cargada de simbolismo. Cada paso, cada nota musical, cada ofrenda refleja una promesa íntima, una gratitud profunda, un lazo sagrado entre pueblo, tradición, fe.
“Cada año acudimos con gala, pasión, compromiso ante la Virgen”, expresa un representante garífuna, mientras la ceremonia avanza entre aromas, ritmo, plegarias. El ambiente vibra con una energía espiritual poco común, capaz de conmover incluso al visitante ocasional.

Fieles procedentes de La Ceiba, Trujillo, Santa Fe, Sambo Creek realizaron largo recorrido terrestre para no faltar a esta cita religiosa. La escena proyecta una postal poderosa: identidad afrodescendiente unida en torno a la fe mariana, mostrando al país una expresión auténtica de espiritualidad hondureña.

Durante la jornada, voceros de la comunidad solicitaron al mandatario Asfura mayor inclusión institucional para el pueblo garífuna, destacando su aporte histórico, cultural, social. El mensaje se mezcla con plegarias, promesas, actos de penitencia realizados por miles de feligreses presentes en la capital.
Este homenaje no es solo rito religioso: representa resistencia cultural, herencia viva, orgullo colectivo.  Redacción Ruth Corrales

¡DIOS BENDIGA A HONDURAS!