Tegucigalpa, Honduras | HonduPrensa.Com – El golpe no es abstracto ni lejano: se siente en cada galón, en cada pasaje, en cada compra del hogar. La escalada en los precios de los derivados del petróleo volvió a estremecer la conversación nacional, pero esta vez con una carga política más intensa. Enrique Yllescas, exvicepresidente del Congreso Nacional, reaccionó con dureza al advertir que Honduras no necesita más batallas estériles, sino una ofensiva de acuerdos para frenar el daño económico que está cayendo sobre la población.
Su mensaje, cargado de sentido político, apunta al presidente del Congreso Nacional, Tomás Zambrano, a quien emplaza a dejar atrás cualquier lógica de confrontación para trabajar, de inmediato, junto al presidente Nasry Asfura, en la conformación de una mesa de diálogo nacional que tenga un solo objetivo: encontrar soluciones tangibles para proteger el bolsillo de los hondureños. El eje del planteamiento rompe con la inercia del conflicto: no es hora de juicios políticos; es hora de defender al pueblo frente al alza del combustible.
La frase que impulsa esta postura es clara y de alto impacto social: “Hay que reducir los impuestos al combustible de forma temporal como medida de alivio al pueblo hondureño.” En ella se resume una visión que comienza a ganar terreno en medio del cansancio ciudadano. Cada aumento no solo modifica una cifra; altera la economía real de quienes usan vehículo para trabajar, transportan productos, se movilizan a diario, operan negocios pequeños, producen alimentos o sostienen una familia con ingresos limitados.
Yllescas plantea que la política debe reaccionar antes de que la crisis del combustible en Honduras se convierta en una espiral más profunda de malestar. Por eso su llamado tiene un doble peso: político e institucional. Político, porque emplaza al Congreso a asumir liderazgo frente a una emergencia que toca directamente a la población. Institucional, porque propone una coordinación abierta entre el Legislativo y el Ejecutivo para impulsar medidas con resultados visibles, inmediatos y verificables.
Entre las propuestas que encajan en la línea planteada por Yllescas destaca, en primer lugar, una rebaja temporal del impuesto a los combustibles, pensada como una válvula de alivio en un momento de fuerte presión. En segundo lugar, la aplicación de un descuento especial en la bomba, para que el beneficio sea directo y perceptible por el consumidor. En tercer lugar, una compensación orientada al transporte público, evitando que las alzas se trasladen de inmediato al usuario.
La cuarta medida sería una tarifa preferencial para sectores de alta sensibilidad económica, como taxistas, mototaxis y transporte de carga ligera. La quinta, un esquema temporal de contención sobre costos o márgenes de comercialización cuando el mercado internacional presione con demasiada fuerza. La sexta, un apoyo directo para agricultores y productores, con el objetivo de proteger alimentos, logística y abastecimiento.
La séptima medida incluiría promociones o descuentos especiales por horario, cupo o día en estaciones de servicio integradas al programa de alivio. La octava abriría la puerta a una devolución parcial digital para consumidores frecuentes de sectores priorizados. La novena buscaría fortalecer una estrategia de anticipación estatal frente a variaciones extremas del mercado internacional. Y la décima pondría en marcha una mesa permanente de revisión de combustibles, con participación política, técnica y social para ajustar decisiones en tiempo real.
Lo verdaderamente sensible de este llamado es que convierte la crisis en una prueba de liderazgo. Yllescas coloca a Tomás Zambrano ante una definición: seguir atrapado en la lógica del conflicto o dar un paso al frente para encabezar consensos que frenen el deterioro del ingreso familiar. A la vez, sitúa a Nasry Asfura en el centro de una posible respuesta de Estado, respaldada por diálogo, pragmatismo y voluntad política para evitar que la presión se convierta en inconformidad generalizada.
10 medidas que encajan con la línea de Yllescas para aliviar combustibles
- Rebaja temporal del impuesto a los combustibles por 90 días, revisable según el comportamiento internacional del petróleo.
- Descuento directo por galón en la bomba financiado con un fondo de compensación temporal del Estado.
- Subsidio focalizado al transporte público para evitar que el alza se traslade de inmediato al pasaje.
- Tarifa preferencial para taxistas, mototaxis y transporte de carga menor, mediante registro nacional y cupo mensual.
- Congelamiento temporal del margen de comercialización en períodos de escalada extrema para evitar aumentos especulativos.
- Bono de combustible para productores agrícolas y pescadores, protegiendo alimentos y abastecimiento nacional.
- Descuentos especiales por horario o por días definidos en estaciones afiliadas al programa de alivio nacional.
- Sistema de devolución parcial digital para consumidores frecuentes, transporte de trabajo y pequeños emprendedores.
- Compra anticipada o cobertura estratégica estatal para suavizar impactos de picos internacionales repentinos.
- Mesa permanente Congreso-Ejecutivo-sector transporte-empresa privada-consumidores para revisar semanalmente precios, impuestos y medidas de alivio.
Plan de rebaja o descuentos especiales en la bomba
Un plan políticamente vendible y socialmente potente podría estructurarse así:
Fase 1: Alivio inmediato
Aplicar una rebaja temporal de entre 8% y 15% en la carga tributaria de los combustibles más consumidos, por un período inicial de 60 a 90 días.
Fase 2: Descuento visible en estaciones
Crear un programa nacional de “Descuento Solidario en Bomba”, donde el consumidor vea reflejado el alivio directamente al momento de cargar combustible, sin trámites engorrosos.
Fase 3: Protección a sectores sensibles
Dar una compensación adicional a transporte público, transporte escolar, reparto de alimentos, agricultores y microempresarios.
Fase 4: Evaluación semanal
Publicar una revisión técnica y política semanal para decidir si la rebaja continúa, se amplía o se focaliza más.
La ciudadanía observa. Observa si el Congreso seguirá concentrado en tensiones partidarias o si abrirá una ruta para responder a una realidad que ya golpea el mercado, el transporte, el comercio, la producción y la tranquilidad de los hogares. En ese terreno, la propuesta de Yllescas adquiere peso porque conecta con lo que la gente ya está sintiendo: el bolsillo no puede esperar mientras la política se encierra en sus propias disputas.
La hora exige madurez, coordinación y decisiones que tengan efecto en la calle. El pueblo no necesita más ruido institucional. Necesita una señal clara de que sus autoridades comprenden que cada aumento en el combustible termina siendo una herida directa en la vida diaria. Cuando la crisis toca el bolsillo, la indiferencia política deja de ser una omisión: se convierte en una deuda con la nación. —Redacción Bruce Villatoro CEO HonduPrensa.Com

