Tegucigalpa, Honduras.- El 2026 inicia con un fuerte impacto humano para Honduras. En apenas la primera quincena del año, un total de 1,528 hondureños fueron retornados o deportados, en su mayoría desde Estados Unidos, reflejando una realidad migratoria que mantiene en vilo a miles de familias en todo el país.
Las cifras revelan un drama silencioso: del total de personas retornadas, 120 son niños, 24 niñas, 157 mujeres y 1,227 hombres, lo que confirma que la migración irregular no distingue edad ni género. Cada número representa una historia de esfuerzo, separación familiar e incertidumbre.
De acuerdo con los registros oficiales, el 93 % de las deportaciones, equivalente a 1,423 migrantes, proceden de Estados Unidos, mientras que 101 llegaron desde México y 4 desde Guatemala, consolidando a la nación norteamericana como el principal punto de retorno para ciudadanos hondureños en condición migratoria irregular.
El fenómeno no es aislado. Datos del Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (Conadeh) reflejan que Honduras pasó de 34,384 personas retornadas en 2024 a 42,928 en 2025, lo que evidencia un crecimiento sostenido del flujo de deportaciones. En ese periodo, 52,453 hondureños regresaron desde Estados Unidos, 14,575 desde Guatemala y 10,128 desde México.
“Esto va a seguir aumentando. No vemos una reducción en los retornos, al contrario, podríamos enfrentar cifras más altas”, advirtió Elsy Reyes, coordinadora de la Defensoría de Movilidad Humana del Conadeh. La funcionaria detalló que entre los retornados existen núcleos familiares completos, lo que agrava el impacto social en las comunidades de origen.
Entre 2024 y 2025, Honduras recibió a 5,473 niñas, 9,325 niños, 10,834 mujeres y 51,677 hombres, una presión constante para los sistemas de atención, empleo y reinserción social.
Reyes subrayó que el reto no termina con el aterrizaje en suelo nacional. “Cuando regresan, llegan con incertidumbre, estigmas y pocas oportunidades. Es vital trabajar en su reincorporación económica y social, además de combatir la discriminación que enfrentan en sus propias comunidades”, expresó.
El arranque de 2026 deja claro que la crisis migratoria hondureña continúa latente. La gran pregunta es: ¿está el país preparado para transformar el retorno forzado en una oportunidad real de desarrollo? La conversación apenas comienza. Redacción Ruth Corrales
