Nasry Asfura retrocede ante prueba real de la CICIHNasry Asfura retrocede ante prueba real de la CICIH

Tegucigalpa, Honduras | HonduPrensa.Com — Hay momentos en que la política deja de esconderse detrás de la sonrisa, del protocolo, del libreto, del “vamos a revisarlo”, del “más adelante”, del “en su momento”. Este es uno de esos momentos. Porque el debate ya no gira alrededor de si Honduras necesita una CICIH. El debate gira alrededor de quiénes comienzan a ponerse tensos cuando esa posibilidad deja de ser consigna electoral para convertirse en amenaza institucional real. En ese punto exacto aparece el nombre de Nasry Asfura. Lo que antes se ofrecía con soltura, hoy se administra con pinzas.

Los hechos pesan. Asfura fue proclamado presidente electo el 24 de diciembre de 2025 y asumió la Presidencia a finales de enero en medio de un ambiente político frágil. Pocos días después, en febrero, anunció que impulsaría una Ley de Transparencia y Anticorrupción, pero al hablar de la CICIH no presentó fechas, ni ruta oficial, ni una señal firme de relanzamiento de la negociación internacional. En política, esa omisión no es menor: cuando el poder evita comprometerse con precisión, normalmente ya tomó distancia por dentro.

Lo que hace más áspero el escenario es la hemeroteca. En noviembre de 2025, siendo todavía candidato, Asfura dijo públicamente que estaba dispuesto a traer “una Cicih a contarnos las costillas” porque la justicia en Honduras era débil. Antes, en agosto de 2025, había firmado con el CNA un compromiso para impulsar ese mecanismo internacional. Hoy, ya sentado en la silla presidencial, esa determinación se volvió difusa. La pregunta que quema no es si cambió el discurso; la pregunta es qué descubrió el poder para volverlo tan prudente.

También importa recordar que la última prórroga del memorándum de entendimiento entre Honduras y la ONU venció el 15 de diciembre de 2025. Es decir, el nuevo gobierno recibió un proceso sin cierre, pero con antecedentes, trámites avanzados, exigencias conocidas, obstáculos identificados. Aun así, los análisis periodísticos de marzo describen un escenario de freno, sin pasos visibles para reconectar con fuerza la instalación de la comisión. Cuando una promesa llega viva al despacho presidencial, pero empieza a congelarse ahí mismo, la excusa técnica pierde poder frente a la sospecha política.

Ese clima se vuelve todavía más pesado porque distintos reportes sostienen que Asfura asumió la Presidencia con un caso judicial abierto por corrupción, mientras la acusación ligada a la Uferco seguía pendiente de audiencia inicial. Nadie serio puede convertir una acusación en sentencia. Pero tampoco nadie serio puede pedirle al país que ignore el contexto cuando se discute una comisión internacional precisamente diseñada para perseguir redes de corrupción público-privadas. El problema no es solo lo que la CICIH investigaría; el problema es lo que podría romper.

Por eso la frase “Nasry Asfura le teme a la CICIH” ha dejado de sonar a eslogan de adversarios para empezar a parecer una lectura política del comportamiento oficial. Porque el miedo en política no siempre se expresa como rechazo frontal. A veces se ve en la tibieza, en el lenguaje de algodón, en las promesas sin reloj, en las puertas entreabiertas, en la obsesión por fortalecer controles locales mientras se posterga justo aquello que puede entrar sin pedir permiso a las viejas costumbres del poder. Esa es una inferencia, sí, pero está sostenida por el contraste entre lo prometido en campaña y lo hecho en el gobierno.

Desde HonduPrensa.Com, la salida debe ser concreta, no teatral. El gobierno tendría que anunciar en cadena nacional una ruta de 100 días con fecha de reanudación formal ante la ONU, publicar la propuesta de Ley Anticorrupción para consulta abierta, definir cuáles reformas siguen pendientes para que la CICIH tenga dientes reales, blindar presupuestariamente el acompañamiento técnico, crear una mesa nacional de seguimiento con sociedad civil independiente, además de asumir por escrito que ninguna institución del Estado bloqueará, dilatará o desnaturalizará el mecanismo. Todo lo demás será escenografía anticorrupción montada para consumo rápido.

El reloj político ya empezó a correr. Si Asfura quiere demostrar que no le teme a la CICIH, no le bastará con nombrarla en entrevistas ni envolverla en frases prudentes. Tendrá que empujarla de verdad, con costos, con resistencia, con contradictores, con élites incómodas, con nombres propios temblando detrás del telón. Porque Honduras ya aprendió a detectar cuando el discurso anticorrupción se usa para adornar el poder en vez de desafiarlo. La historia castiga con dureza a los gobiernos que prometen bisturí, pero terminan repartiendo anestesia. —Redacción Ruth Corrales para HonduPrensa.Com

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