Tegucigalpa, Honduras | HonduPrensa.Com — La crisis alimentaria en Honduras entra en fase crítica. La coordinadora del Observatorio en Seguridad Alimentaria (OBSAN-UNAH), María Luisa García, advirtió que al menos 1.8 millones de hondureños viven sin acceso garantizado a alimentos diarios, cifra que podría escalar a 2.2 millones en 2026, un escenario que enciende alarmas en todos los niveles del país.
El diagnóstico revela una emergencia silenciosa: los 18 departamentos enfrentan una inseguridad alimentaria prolongada, donde miles de familias apenas logran cubrir uno o dos tiempos de comida, sin certeza sobre su próxima alimentación. Este patrón, según expertos, refleja un deterioro estructural que trasciende lo económico, golpeando salud, productividad, estabilidad social.
La proyección del OBSAN apunta a un detonante clave: la sequía prevista para este año, fenómeno que reducirá la producción agrícola nacional, limitará la oferta de alimentos, obligará a mayores importaciones, presionará el precio de la canasta básica, generando un efecto dominó que impactará con mayor fuerza a los hogares más vulnerables.
Las zonas más afectadas ya muestran señales críticas. El departamento de Gracias a Dios encabeza los niveles más altos de crisis, seguido por regiones del corredor seco como La Paz o Lempira, donde la disponibilidad de alimentos es limitada, el acceso económico resulta cada vez más restringido, consolidando un círculo de pobreza difícil de romper.
Entre los factores que profundizan la crisis destacan la falta de ingresos familiares, el encarecimiento constante de productos esenciales, condiciones deficientes en salud, nutrición, saneamiento, además de una marcada desigualdad en acceso a recursos básicos. “La población enfrenta una barrera clara: no tiene capacidad económica para adquirir alimentos”, enfatizó García.
El comportamiento de la canasta básica alimentaria confirma la presión. El cierre de 2025 registró un aumento del 7%, mientras que en el primer trimestre del presente año ya se acerca al 8%, una cifra que, aunque moderada en términos macroeconómicos, representa un golpe directo a quienes sobreviven con ingresos mínimos o informales.
Este incremento en los 30 productos esenciales limita aún más el acceso a una alimentación adecuada, generando consecuencias a mediano plazo en la salud pública, especialmente en niños, mujeres embarazadas, adultos mayores, quienes enfrentan mayor riesgo de desnutrición.
El llamado del OBSAN es contundente: sin medidas inmediatas, Honduras podría enfrentar una de las crisis alimentarias más severas de la última década, con efectos profundos en el desarrollo humano, la estabilidad social, el futuro económico del país. Redacción Martha C.C.
