Tegucigalpa, Honduras | HonduPrensa.Com – La Corte Suprema de Justicia amaneció bajo otra correlación de fuerzas tras la renuncia de Rebeca Lizette Ráquel Obando a la Presidencia del máximo tribunal. La decisión, formalizada este 25 de marzo de 2026 ante el Congreso Nacional, tiene un peso político inmediato: Obando deja la conducción del Poder Judicial, pero permanece dentro de la estructura decisiva de la Corte como magistrada propietaria. No es una salida total; es una retirada del mando formal en medio de una transformación legal que alteró el equilibrio interno del sistema.
La carta oficial no deja espacio para dudas. Obando escribió que su renuncia es “irrevocable” respecto al cargo de Presidenta de la CSJ y, en consecuencia, de la Presidencia del Poder Judicial. Sin embargo, en el mismo texto afirmó que seguirá en el seno del pleno durante el período para el cual fue electa, comprendido entre 2023-2030. Esa precisión convierte el hecho en una noticia de alto voltaje: cambia la cabeza visible del Poder Judicial, pero no desaparece una de sus figuras centrales.
La explicación de fondo apunta directamente al Decreto Legislativo No. 10-2026. Obando argumentó que esa norma transfirió al pleno facultades que anteriormente correspondían a la Presidencia, limitando de forma sustancial las atribuciones del cargo que venía ejerciendo. En otras palabras, la magistrada optó por dejar una oficina cuya capacidad de decisión quedó reducida por la reforma aprobada desde el Legislativo.
Ese decreto ha provocado debate en el ámbito judicial hondureño. Organizaciones como la Asociación de Jueces por la Democracia han cuestionado la medida e incluso promovieron un recurso de inconstitucionalidad, al sostener que el cambio despoja de atribuciones administrativas a la Presidencia de la Corte. Paralelamente, reportes periodísticos indican que el pleno ya comenzó a operar bajo esa nueva lógica colegiada, incluso mediante comisiones creadas para asumir funciones administrativas.
El efecto práctico de esta renuncia es doble. Primero, deja al descubierto una disputa de poder sobre quién controla la administración de la justicia hondureña. Segundo, instala un mensaje político de enorme alcance: el rediseño institucional empujó a la propia presidenta a apartarse del cargo. La escena deja al Poder Judicial de Honduras en un momento de escrutinio máximo, justo cuando cada decisión de la Corte será observada desde el terreno legal, político y ciudadano.
En su despedida de la jefatura, Obando agradeció la confianza depositada en su persona y reiteró su apuesta por el fortalecimiento del Estado de derecho, la independencia judicial y la justicia para todos. Pero el verdadero eco de su renuncia trasciende la formalidad: deja a Honduras con una Corte reconfigurada, un pleno fortalecido por decreto y una magistrada que, aunque ya no preside, seguirá sentada en el corazón mismo de las decisiones. –Redacción Laura V.

