Tegucigalpa, Honduras.- La inseguridad alimentaria deja de ser una estadística fría para convertirse en una alarma social que golpea mesas vacías, hogares con incertidumbre, comunidades donde cada comida representa un desafío. Más de un millón de personas en Honduras viven esta realidad, cifra que podría aumentar con fuerza en 2026, según proyección del Observatorio de Seguridad Alimentaria de la UNAH.

El país atraviesa un punto delicado marcado por cambio climático, presión económica, menor producción agrícola, acceso limitado a la canasta básica. La combinación de estos factores dibuja un panorama donde la comida no solo escasea, también se encarece, alejándose del alcance de miles de familias.

María Luisa García, especialista del observatorio, expuso que, sin políticas públicas efectivas, el número de personas afectadas crecerá. El aviso no se limita a una predicción técnica, funciona como llamado urgente a la acción estatal, social, productiva. Cada retraso implica más niños con nutrición deficiente, más adultos obligados a reducir porciones, más comunidades rurales en vulnerabilidad.

El informe académico resalta que fenómenos climáticos extremos, pérdida de empleo, alto costo de alimentos básicos profundizan la fragilidad social. Sectores rurales enfrentan el impacto más severo, donde producción local cae, ingresos disminuyen, acceso a mercados resulta complejo.

Expertos subrayan que garantizar el derecho a la alimentación no puede postergarse. Se requiere articulación entre Estado, sector agroalimentario, academia, sociedad civil para impulsar estrategias sostenibles, fortalecer producción nacional, mejorar distribución, proteger a población en riesgo. El momento exige decisiones firmes, visión de largo plazo, compromiso real con la seguridad alimentaria. Redacción Ruth Corrales.

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