Tegucigalpa, Honduras | HonduPrensa.Com – El presidente del Congreso Nacional, Tomás Zambrano, lanzó una denuncia que amenaza con incendiar la discusión pública: empleados vinculados a Libre estarían saboteando desde instituciones públicas la gestión del presidente Nasry Asfura, en una maniobra que, de confirmarse, pondría al Estado hondureño ante una crisis de control interno.
La acusación instala una tensión política mayor. Ya no se habla únicamente de oposición legislativa, diferencias ideológicas o debate partidario. Zambrano advierte sobre una posible operación desde el interior del aparato público, donde empleados estatales podrían estar utilizando cargos, estructuras administrativas y plataformas institucionales para frenar al Gobierno.
El señalamiento tiene peso porque toca una herida profunda del país: la politización del Estado. Honduras lleva años viendo cómo instituciones que deberían estar al servicio del ciudadano terminan atrapadas por cuotas, colores políticos, lealtades partidarias y redes internas que sobreviven a cada cambio de gobierno.
Zambrano fue directo al afirmar que Libre permanece infiltrado en instituciones públicas. Según su denuncia, esos sectores estarían buscando impedir que el Gobierno de Asfura avance, precisamente en áreas donde la ciudadanía exige resultados urgentes.
El mensaje es confrontativo: el nuevo Gobierno no solo enfrentaría problemas heredados, crisis sociales o limitaciones presupuestarias, sino una resistencia interna organizada desde espacios que deberían ejecutar políticas públicas, no bloquearlas.
La denuncia cae en un ambiente nacional cargado de presión. Los conflictos en salud, educación, administración pública, empleo estatal, servicios básicos y gobernabilidad ya mantienen al país en alerta. Ahora, el señalamiento de boicot agrega un componente más explosivo: la sospecha de que parte del Estado estaría trabajando contra el propio Estado.
Zambrano sostuvo que es necesario limpiar, ordenar y sanear las instituciones. La frase tiene fuerza política porque anticipa una posible etapa de depuración administrativa, revisión de puestos, evaluación de lealtades funcionales y cambios dentro de la estructura pública.
Sin embargo, el reto será enorme. Una depuración sin pruebas podría ser vista como persecución. Pero una falta de acción frente a un boicot real podría convertir al Gobierno en rehén de estructuras internas. En ambos escenarios, la administración de Asfura queda ante una prueba de fuego.
La pregunta que comienza a circular en la conversación nacional es incómoda: ¿quién manda realmente dentro de las instituciones públicas hondureñas?
Zambrano plantea que el Gobierno debe contar con personas dispuestas a trabajar al ritmo del compromiso asumido con el pueblo hondureño. En su visión, los cargos públicos no pueden ser refugio de operadores políticos que respondan a intereses distintos al funcionamiento del Estado.
El impacto de esta denuncia también alcanza al ciudadano común. Cuando una institución se paraliza, no sufre el político: sufre el paciente que espera atención, el padre de familia que busca respuesta, el maestro que exige solución, el contribuyente que paga impuestos, el estudiante que necesita servicios, el pueblo que espera resultados.
Por eso, la acusación de sabotaje no puede quedar como simple ruido político. Si existen pruebas, deben presentarse. Si hay estructuras bloqueando al Gobierno, deben investigarse. Si hay funcionarios usando el Estado como trinchera partidaria, deben responder ante la ley.
El país no aguanta más instituciones convertidas en botín. Tampoco aguanta que cada transición de poder se transforme en una guerra de desgaste donde el ciudadano queda atrapado entre funcionarios que no responden, partidos que se acusan y gobiernos que no logran ejecutar.
En paralelo, Zambrano también se refirió a la agenda electoral. El presidente legislativo recordó que el Congreso avanza en conversaciones con las bancadas sobre el CNE y el TJE, dos órganos esenciales para la estabilidad democrática hondureña.
La autorización para que el consejero suplente Carlos Cardona se incorpore al pleno del Consejo Nacional Electoral busca evitar parálisis y cerrar procesos pendientes de la elección general. En un país marcado por la desconfianza electoral, cualquier vacío operativo puede convertirse en una crisis política de alto costo.
Zambrano adelantó además que la elección de nuevos funcionarios electorales deberá pasar primero por reformas a la Ley Electoral, con candados que protejan al CNE y eviten ataques futuros contra la democracia.
Esta parte del mensaje no es secundaria. Mientras denuncia infiltración en instituciones públicas, Zambrano también habla de blindar el sistema electoral. Ambas líneas apuntan al mismo eje: la lucha por controlar, ordenar y proteger las instituciones del país.
El escenario político se vuelve más tenso porque el discurso del presidente del Congreso coloca a Libre en el centro de una acusación seria, mientras exige al Gobierno actuar con firmeza. Ese choque puede abrir una nueva etapa de confrontación institucional entre el oficialismo, la oposición y sectores del aparato público.
La crisis que se perfila no es únicamente administrativa. Es política, institucional y ciudadana. Si el Estado está infiltrado por intereses partidarios, Honduras enfrenta un problema de fondo. Si la denuncia queda sin investigación, la sospecha seguirá contaminando la confianza pública.
El Gobierno de Nasry Asfura entra así en una zona de alta presión: debe demostrar autoridad sin arbitrariedad, firmeza sin abuso, depuración sin persecución y resultados sin excusas. La gobernabilidad no se construye con discursos, sino con instituciones que funcionen.
El cierre deja una advertencia de país: Honduras no puede seguir atrapada entre sabotajes, cuotas políticas, instituciones debilitadas y pleitos de poder. El Estado debe servir al pueblo, no convertirse en refugio de estructuras partidarias que bloquean el futuro nacional. —Redacción Bruce Villatoro CEO HonduPrensa.Com

