Tegucigalpa, Honduras | HonduPrensa.Com – Gabriela Castellanos encendió una dura alerta contra el manejo del juicio político, al señalar que el proceso arrastró fallas significativas que no pueden maquillarse como simples diferencias de criterio ni esconderse detrás del discurso de legalidad.
La directora del Consejo Nacional Anticorrupción dejó claro que el problema no está únicamente en la existencia del mecanismo, sino en su ejecución. Para Castellanos, un juicio político puede ser válido, pero si se conduce sin suficientes garantías, termina convertido en una herramienta que genera más desconfianza ciudadana que fortaleza institucional.
La crítica golpea en el centro del poder. El CNA observó que el procedimiento no cumplió plenamente con condiciones mínimas de objetividad, racionalidad, imparcialidad ni respeto al debido proceso, aspectos indispensables cuando se decide sobre asuntos de alto impacto nacional.
Uno de los señalamientos más delicados apunta a la inclusión de elementos personales altamente sensibles dentro de la denuncia, sin demostrar con claridad una relación técnica directa con la función pública. Para una institución que vigila la transparencia, ese tipo de manejo abre una puerta peligrosa: usar lo personal como combustible político.
Castellanos también cuestionó la integración de las comisiones especiales, al señalar que no participaron todas las bancadas. Ese vacío debilita la legitimidad del proceso, porque una decisión de semejante peso no debería avanzar con señales de exclusión ni con una arquitectura política incompleta.
La funcionaria advirtió además que las intervenciones durante el juicio estuvieron marcadas por valores personales. Ese señalamiento no es superficial: exhibe un proceso donde la discusión pudo alejarse del análisis técnico para acercarse a una confrontación dominada por percepciones, emociones e intereses.
La votación a mano alzada terminó de profundizar la controversia. Para el CNA, ese método reduce el control ciudadano sobre una decisión de alto impacto, porque limita la posibilidad de conocer con claridad cómo se posicionó cada actor político frente al país.
En un escenario de creciente polarización, el juicio político no puede operar como una pieza más del forcejeo entre poderes. Debe ser una herramienta limpia, rigurosa, verificable y respetuosa de garantías. De lo contrario, en vez de corregir abusos, puede terminar fabricando nuevas dudas.
El mensaje de Castellanos deja una lectura contundente: Honduras necesita controles políticos, pero no procedimientos débiles. Necesita fiscalización, pero no improvisación. Necesita autoridad institucional, pero no decisiones que parezcan diseñadas para alimentar más sospecha que confianza.
Cuando un proceso político se ejecuta con vacíos, la democracia no avanza: queda atrapada entre la duda, la confrontación y el desgaste institucional. —Redacción Bruce Villatoro CEO HonduPrensa.Com

