Tegucigalpa, Honduras | HonduPrensa.Com – El mapa climático de Honduras podría enfrentar una transformación preocupante si el fenómeno de El Niño continúa ganando intensidad. Las proyecciones plantean una reducción severa de las precipitaciones, con déficits capaces de alcanzar hasta el 70% en sectores del Corredor Seco, elevando la presión sobre la agricultura, las reservas de agua y la seguridad alimentaria.
El especialista en Hidrología y Cambio Climático, Wilmer Reyes, señaló que El Niño podría alcanzar sus puntos más intensos entre noviembre y diciembre, en medio de condiciones que favorecen su fortalecimiento y prolongación durante varios meses.
El fenómeno tiene su origen en un calentamiento superior a lo normal de las aguas del Pacífico ecuatorial, una alteración natural capaz de modificar la circulación atmosférica y cambiar considerablemente la distribución de las lluvias.
Para Honduras, esa modificación puede traducirse en una temporada con menos precipitaciones, suelos sometidos a mayor estrés y menor disponibilidad de agua, especialmente en territorios históricamente vulnerables.
Déficit de lluvia podría acercarse al 70%
Reyes alertó que los escenarios climáticos disponibles permiten proyectar una disminución general de entre 35% y 69% en las precipitaciones al cierre del ciclo hídrico.
El panorama más delicado aparece nuevamente sobre el Corredor Seco, donde algunas comunidades podrían recibir únicamente entre 200 y 300 milímetros de lluvia en lugares donde normalmente se acumulan cerca de 700 milímetros.
Una diferencia de esa dimensión puede determinar si una familia logra cosechar alimentos o pierde completamente su producción. También puede incrementar la presión sobre pozos, quebradas, embalses y otras fuentes utilizadas para el abastecimiento de las comunidades.
El especialista advirtió que Honduras debe evitar un modelo de gestión basado exclusivamente en declarar emergencias después de que aparecen las pérdidas. Frente a fenómenos climáticos cada vez más agresivos, afirmó, la planificación anticipada debe convertirse en política permanente.
Prevenir antes de contar las pérdidas
Para Reyes, los pronósticos meteorológicos deben utilizarse como herramientas de decisión capaces de activar programas de apoyo agrícola, seguridad alimentaria, almacenamiento de agua y asistencia territorial antes de que la crisis alcance su etapa más grave.
Su planteamiento resume la urgencia con una frase contundente: “Hay que llegar antes que el hambre a la parcela, al hogar y a la familia”.
La advertencia también apunta a revisar la manera en que se analiza una sequía. El déficit de precipitaciones representa solamente una parte del problema. Las autoridades, explicó, necesitan evaluar las consecuencias acumuladas sobre cada comunidad.
Puede ocurrir, por ejemplo, que una zona reciba lluvia después de un período prolongado de sequía, pero que los agricultores ya hayan perdido el calendario de siembra. En esas circunstancias, la emergencia persiste aunque temporalmente vuelva a llover.
Un riesgo que supera la emergencia inmediata
La preocupación no termina con el actual episodio de El Niño. Reyes advierte que, sin una transformación profunda de la gestión hídrica y ambiental, Honduras podría enfrentar un proceso acelerado de aridización durante los próximos años.
Su estimación plantea que cerca del 80% del territorio nacional podría presentar condiciones más secas en menos de 15 años, acercándose progresivamente a características que hoy identifican al Corredor Seco hondureño.
Ese escenario obliga a mirar más allá de cisternas, ayudas temporales o declaraciones de emergencia. Honduras necesita fortalecer la administración del agua, proteger cuencas, modernizar la agricultura y utilizar información climática para orientar inversiones públicas.
El Niño representa una amenaza inmediata, pero también una advertencia de largo plazo: seguir reaccionando tarde puede convertir cada nueva sequía en una crisis más profunda, costosa y difícil de contener. —Redacción Omar Z.

