Zambrano exige mano dura para combatir criminalidad en HondurasZambrano exige mano dura para combatir criminalidad en Honduras

El endurecimiento del sistema penitenciario coloca al Congreso Nacional frente a una responsabilidad histórica: demostrar que las restricciones carcelarias pueden integrarse a una política pública que reduzca la criminalidad, fortalezca la investigación penal y restablezca la confianza en las instituciones.

Tegucigalpa, Honduras | HonduPrensa.Com – El debate sobre la seguridad pública hondureña ha entrado en una etapa decisiva con las nuevas medidas penitenciarias defendidas por el presidente del Congreso Nacional, Tomás Zambrano, quien sostiene que el Estado debe recuperar el control absoluto de las cárceles y evitar que las organizaciones criminales continúen operando desde su interior.

Bajo la afirmación “La seguridad del pueblo no se negocia”, el titular del Legislativo ha impulsado una postura de mayor severidad frente a los grupos delictivos que representan una amenaza para la tranquilidad de los ciudadanos.

La iniciativa contempla restricciones de movilidad, limitaciones a visitas y comunicaciones, así como controles reforzados para personas sometidas a regímenes penitenciarios especiales.

No obstante, el debate fundamental trasciende la duración del encierro y obliga a examinar la capacidad del Estado para construir una estrategia integral que articule prevención, inteligencia criminal, investigación, persecución penal y justicia.

El principal desafío no consiste únicamente en recuperar la autoridad dentro de las prisiones, sino en garantizar que esa autoridad se traduzca en seguridad efectiva fuera de ellas.

El control de las cárceles es apenas una parte de la estrategia

Las autoridades legislativas y penitenciarias han expuesto planes para fortalecer los módulos de máxima seguridad y desarrollar nuevas instalaciones destinadas a personas consideradas de alta peligrosidad.

El esquema anunciado incluye 23 horas y media de permanencia en celda, 30 minutos para ejercicios y una hora de exposición semanal al sol, junto con mecanismos destinados a limitar las comunicaciones no autorizadas.

El Instituto Nacional Penitenciario y las autoridades de seguridad han presentado estas medidas como parte de un esfuerzo coordinado para evitar que se ordenen delitos desde los centros carcelarios.

Desde una perspectiva de política pública, el control penitenciario requiere procedimientos de clasificación de internos, evaluación de riesgos, supervisión independiente y mecanismos efectivos para detectar actividades ilícitas.

También demanda infraestructura adecuada, capacitación del personal, inversión tecnológica y protocolos transparentes que reduzcan las posibilidades de corrupción.

Una política penitenciaria efectiva no puede medirse exclusivamente por la cantidad de horas que una persona permanece encerrada.

Su verdadero rendimiento debe evaluarse por su capacidad para impedir la coordinación de delitos, proteger al personal, mantener el orden institucional y reducir riesgos para la sociedad.

La investigación criminal debe golpear las estructuras financieras

Una de las debilidades que cualquier estrategia de seguridad debe enfrentar es la capacidad de las organizaciones delictivas para financiar sus actividades, reclutar colaboradores y reorganizar sus operaciones.

Por esa razón, la persecución penal necesita alcanzar tanto a los autores materiales como a quienes financian, coordinan y obtienen beneficios de las actividades criminales.

La investigación patrimonial, el rastreo de operaciones financieras sospechosas y la coordinación entre instituciones pueden contribuir a identificar redes de lavado de activos y recursos utilizados para sostener operaciones ilícitas.

Asimismo, el intercambio oportuno de información entre la Policía Nacional, el Ministerio Público y otras autoridades competentes resulta esencial para construir expedientes judiciales sólidos.

La captura de un presunto integrante de una organización criminal es un resultado operativo. Su judicialización efectiva, cuando existen pruebas suficientes, permite evaluar la capacidad del sistema de justicia para responder conforme a derecho.

En consecuencia, la estrategia del Estado debe incluir indicadores públicos que permitan distinguir entre operativos anunciados, investigaciones concluidas y resultados judiciales.

Depuración institucional y respeto a la legalidad

El propio Zambrano ha planteado la necesidad de auditar, certificar y depurar a los cuerpos policiales, entidades investigativas y operadores de justicia, según información divulgada por el Congreso Nacional.

Ese planteamiento introduce un componente esencial: la seguridad ciudadana también depende de la confiabilidad de las instituciones encargadas de garantizarla.

La profesionalización policial, la evaluación del desempeño, la investigación de posibles actos de corrupción y el fortalecimiento de los mecanismos de control interno deben constituir prioridades permanentes.

En el ámbito penitenciario, el endurecimiento de los regímenes especiales plantea además interrogantes sobre su compatibilidad con las normas nacionales y los estándares internacionales.

Las Reglas Nelson Mandela de Naciones Unidas establecen principios orientados al trato digno y la prevención de abusos contra las personas privadas de libertad.

El Estado tiene la obligación de proteger a la población frente al crimen y, simultáneamente, garantizar que sus actuaciones se desarrollen dentro de los límites legales.

Ambos objetivos son necesarios para que las políticas públicas sean institucionalmente sostenibles.

¿Cómo puede comprobarse una mejora real de la seguridad?

La ciudadanía debe disponer de información suficiente para evaluar los resultados de las decisiones gubernamentales.

Un sistema de seguimiento podría incorporar indicadores sobre denuncias de extorsión, homicidios, investigaciones resueltas, sentencias, comunicaciones delictivas detectadas desde prisión y confianza de la población en las autoridades.

También debería examinar las diferencias territoriales para determinar dónde las intervenciones producen resultados y dónde persisten riesgos que requieren medidas adicionales.

Las autoridades pueden complementar estas evaluaciones con informes periódicos, auditorías de recursos y mecanismos de supervisión parlamentaria.

La seguridad efectiva se demuestra mediante resultados verificables y sostenidos, no únicamente por el anuncio de nuevas restricciones.

Para Honduras, la oportunidad consiste en transformar el debate penitenciario en una agenda nacional que combine firmeza frente a la delincuencia, prevención, fortalecimiento institucional y protección de los derechos fundamentales.

Zambrano y el Congreso Nacional tienen una responsabilidad particularmente importante: garantizar herramientas legales, fiscalizar su ejecución y exigir resultados a las instituciones responsables.

La supervisión permanente, la transparencia presupuestaria y la evaluación independiente permitirán establecer si las medidas adoptadas representan avances reales.

El objetivo final debe ser inequívoco: que los ciudadanos recuperen la tranquilidad, que las víctimas encuentren justicia y que las organizaciones criminales pierdan su capacidad de intimidación e influencia. —Redacción Bruce Villatoro CEO HonduPrensa.Com

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